domingo, 22 de diciembre de 2013

Uvas con aroma a Nivea FPS 30

La Navidad en el Hemisferio Sur no es sólo el fin del año, para mi es como el fin del mundo. Para empezar es verano, con lo que ya es contradictorio cantarle a una blanca navidad en los villancicos, regalarle una bufanda de lana a tu suegro, sacarse una foto con Papá Noel en bermudas o asar castañas… Las familias no se sientan en la mesa al calor del hogar, no se enciende la chimenea, más bien se enciende el aire acondicionado...

A las típicas locuras mentales asociadas con el periodo navideño (compras, regalos, compromisos familiares y laborales, cestas navideñas, prisas por cerrar los presupuestos del año, tarjetas de crédito… ), hay que sumarle el cansancio de un año que nunca termina, la morriña navideña que nos agarra y no nos suelta a los que vivimos lejos de nuestras familias, los planes para las vacaciones de verano, los gastos propios de estas fechas sumados a los de las vacaciones, el bendito recargo del 35% de la AFIP... y todo esto con 35 grados a la sombra, 98% de humedad y la tensión arterial por los suelos. Estoy tan atrapada por este estado de locura que cuando son las 23h59 del 31 de diciembre, se me saltan las lágrimas y sólo pido que con la última uva termine el año definitivamente para poder irme de vacaciones y ahí sí, que llegue el fin del mundo que yo me subo…o me bajo!

Para quienes no lo sepan, en España es tradición despedir cada año a ritmo de campanadas desde la Puerta del Sol y engullendo las 12 uvas de la suerte en los últimos segundos del año. Es mi tradición favorita por lo absurdo y cómico que resulta visto desde afuera. Esté donde esté en el globo terráqueo, sí o sí y caiga quien caiga, yo, las 12 uvas me las como, muchas veces ante la atónita mirada de mucha gente…

Si bien este fin de año es “especialmente especial” para mi, cada 31 de diciembre tengo la mágica costumbre de huir a algún punto del planeta y buscar mi fin del mundo particular para comerme esos 12 últimos segundos del año. Esa última uva a mi ya me huele a vacaciones, a playa, a mar...


Dicen que la Navidad aquí en Argentina huele a sidra y pan dulce, pero a mi me huele a crema Nivea FPS 30.

Yendo a lo que nos ocupa y a lo mejor que sé hacer, os dejo mi propuesta para el menú navideño para los que están o estáis (que a esta altura del año ya no sé ni hablar) en el caluroso hemisferio sur. Un menú fácil, que se puede preparar en el último momento sin estrés ni mucha elaboración previa, donde hasta los más pequeños pueden colaborar a preparar, y sobre todo, saludable, fresco, liviano y rico!



Menú Navideño:
  • Entrada: Gazpacho Andaluz
  • Plato Principal: Merluza en Papillote con verduritas de estación
  • Postre: Helado de omega 9 y potasio
  • 23h59: 12 uvas de la suerte


Para el gazpacho, lo mejor es tener una buena procesadora, se hace en un minuto… A mí me gusta esta receta, me da buen resultado siempre para 4 personas:
  • 1 kilo de tomates bien maduros cargados de licopeno, se acuerdan?
  • 1 pimiento verde
  • 1 pepino chico
  • 1/2 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 chorrito de vinagre de vino y sal a gusto

La sal, aceite, vinagre y ajo van a gusto. Yo recomiendo agregarlos poco a poco mientras vamos probando, al igual que el agua para obtener la consistencia deseada. Para la guarnición podemos reclutar al batallón de sobrinos, nietos, hermanos, primos y demás y ponerles a cortar en cubitos chicos tomate, pepino, pimiento verde y rojo, cebolla, pan, y lo que más os guste. Así encontraremos algo crocante y fresco en cada cucharada de gazpacho. Antes de servir agregad unos cubitos de hielo… se esperan 38 grados para la noche del 24 en Buenos Aires. El éxito del gazpacho radica en servirlo bien frío!!

Para el plato principal necesitamos comprar papel de papillote o especial para horno. No es difícil de encontrar, lo único que recomiendo es comprar de más ya que si es nuestra primera vez, es posible que tengamos que descartar varios antes de hacer uno que sea funcional… Se trata de una técnica muy pero que muy fácil de cocinar en el horno y lo mejor, no hay que manchar ninguna asadera, todo queda limpio! Suele dar bastante buen resultado en chicos que no son muy amigos del pescado y las verduras ya que se logra una muy buena textura y sabor de los alimentos. Podemos elegir merluza, trucha, salmón, lenguado… lo que encontremos más fresco en la pescadería. Esta técnica nos permite poder trabajar en serie armando los papillotes, con lo que es el mismo esfuerzo que vengan a casa a comer 10 que 20. El papillote lo colocamos directamente sobre una cazuelita y queda bárbaro y listo para servir y comer.

El postre es original, muy sencillo, fresco y rico. Podéis consultar el post para hacer helado de banana y palta, donde además explicamos todos los beneficios que nos aportan sus ingredientes y el omega 9. Podemos complementar el postre con fruta fresca, aprovechar la temporada estival que tan ricas frutas nos ofrece. Y si se animan, por qué no, compartir conmigo las 12 uvas !!

Feliz Navidad y Fin del Mundo para todos !!